domingo, 30 de diciembre de 2012

Oscar Ruggeri, cuatro de cien

ACCIÓN CORRECTA/ RELAJACIÓN

-¿No fue demasiado autopostularse para DT de la Selección sin haber ganado nada? Bárbaro. Cuando Basile agarró la Selección sólo había ganado una Supercopa y el Mundial no lo ganó. Passarella había salido campeón varias veces con River y el Mundial no lo ganó. Bielsa fue campeón con Newell’s y Vélez, y en el Mundial no pasó la primera rueda. Ahora pregunto: en el Mundial, ¿sirvió para algo la experiencia? Alemania puso a Voeller, que no había dirigido nada, y llegó a la final. Acá parece que a la Selección la tenés que dirigir a los 60 años, por la experiencia. Y en el país estamos así porque no sale un pibe joven, con h....., que diga: “Quiero ser presidente”. ¿Y los grandes qué hicieron, con toda la experiencia? Para mí es importante haber estado en un Mundial, conocer, porque si no la situación te puede superar.
-¿Basile o Bilardo? No puedo elegir; la pasé muy bien con los dos y yo, más allá de quien dirigiera, lo que quería era jugar en la Selección. Lo de Bilardo fue una locura: ¡ocho años! Cuando hoy veo a los pibitos de Estudiantes me río. A nosotros nos pasaba lo mismo: vivíamos mirando el banco. Hasta que un día dijimos basta.
-¿Cómo se llevaban con Bilardo antes del Mundial 86? Nos costaba engancharnos. Hasta que llegamos a México, hubo un cumpleaños y Bilardo empezó a bailar con el Negro Enrique tirados en el piso. De ahí, el grupo cambió, se notaba en los entrenamientos. También hubo una reunión importante, muy dura, sin él, antes del Mundial. Esa fiesta como que nos unió. “Es el equipo del Narigón”, cantaban todos ese día, hasta Passarella.
¿Cuánto fue el premio por el Mundial del 86? Un chiste: 33.000 dólares. Bilardo siempre decía: “Hay que jugar, después la guita la ganás”. Y es así. Salir campeón del mundo te abre puertas, como me pasa a mí hoy. Dicen: “Ojo que éste fue campeón del mundo”. No hay muchos, ¿eh?

(Revista El Gráfico, edición de junio de 2003).



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