viernes, 27 de enero de 2012

méxico clave en la vida de diego maradona y los argentinos (octava parte)













El mejor partido de Diego Maradona en la historia de los mundiales se vió coronado por dos goles inolvidables, después de un primer tiempo de ajedrez, en donde no se sacaron ventajas. Fue de estudio. Sin embargo, Maradona seguía encarando rivales y dejando el tendal. Los ingleses se limitaron al juego brusco en esa primera etapa con la marca personal de Fendwick sobre Diego que se las ingenió para encontrar los espacios y la pelota.
Apenas comenzada la segunda mitad La Mano de D10S se hizo presente y quedó inmortalizada en el estadio Azteca, ya que Diego pareció saltar más que el arquero inglés Peter Shilton para poner el 1 a 0 parcial. Maradona salió disparado para festejar de cara a la tribuna mientras los jugadores ingleses perseguían al árbitro tunecino Bennaceur por una presunta infracción del Diez cometida con su puño izquierdo. De nada sirvió el reclamo aunque con el tiempo Diego confirmaría la teoría de “haberles robado la cartera”.
A los pocos minutos de aquella incidencia, Maradona aplicaba el golpe de nocaut en una apilada de otro planeta. Entre regates y fintas, el barrilete cósmico dejaba en el camino a tanto inglés para consumar una obra maestra. El gol más extraordinario de los mundiales que dejaba por sentado que era la copa que el mismo Maradona había soñado. Maradona y la Argentina se encontraban en un momento cumbre y sublime. Desde la mitad de la cancha Maradona dejó un zurco y su huella en el estadio Azteca, esquivando rivales, y dejando en el piso al arquero Shilton, para poner un 2 a 0 categórico, para cerrar el estadio.
Los ingleses reaccionaron y acortaron distancias por un cabezazo de Gary Lineker en la boca del arco luego de una estupenda jugada por izquierda del recién ingresado John Barnes.
Luego de ese balde de agua fría lo tuvo Lineker de nuevo, pero el Vasco Olarticoechea evitó el empate sacando la pelota con su nuca en la línea de gol.
Argentina pasaba a semifinales merecidamente, mientras Diego era felicitado por sus compañeros en el centro del campo, y los fotógrafos y camarógrafos estaban en su salsa rodeando a la figura de la copa que se abrazaba con todo el mundo con la felicidad en su rostro a pleno.

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